EL ESCRITO COMPLETO DE JIMENA GOYOCHEA:
Nunca fui de exponer mi vida en redes, pero llegó un punto en el que no puedo seguir callándome. Estamos pidiendo algo tan simple como saber qué pasó con mi hermana y, por hacerlo, hasta hemos recibido amenazas.
La verdad no puede ser un “no sé” ni puede cambiar todos los días.
Primero fue “no sé”. Después “se cayó de la silla”. Después “se cayó de la mesa”. Cómo puede haber tantas versiones distintas sobre una misma noche?
A mi hermana nos la entregaron gravemente herida, desangrada, con un corte en el cuello que terminó quitándole la vida. Si fueran ustedes, si fuera su hija, su hermana, su mamá, se conformarían con un “no sé, no la vimos”?
Si realmente todo fue un accidente, entonces dejen que la Justicia y los profesionales hagan su trabajo y reconstruyan lo que pasó. Nosotros no buscamos culpables sin pruebas, buscamos respuestas.
Y también es muy doloroso ver cómo algunos amigos de mi hermana decidieron enojarse con nosotros por querer saber la verdad. Una persona que decía ser una gran amiga llegó a escribirme diciéndome que si a sus amigos detenidos les pasaba algo iba a ser mi culpa y que jamás me lo perdonaría. Como si perder a mi hermana y no saber qué le pasó no fuera suficiente, también tengo que soportar amenazas, acusaciones y gente tratando de hacerme sentir culpable por pedir respuestas.
Tenemos que ver cómo acosan, atosigan e insultan en redes a cualquiera que haga preguntas o diga algo que no quieren escuchar. Como si esto fuera una competencia para ver a quién le duele más.
También duele muchísimo ver a gente que yo consideraba amiga marchando y pidiendo la libertad de quienes estuvieron esa noche con mi hermana. Porque estoy segura de que si la persona que hubiera muerto en estas circunstancias fuera su hermana, su hija o alguien de su familia, no estarían haciendo lo mismo. Estarían luchando por respuestas como lo estoy haciendo yo.
Y encima tengo que escuchar a gente diciendo lo que “Ilda hubiese querido”. Durante semanas vimos flyers pidiendo la liberación sin siquiera mencionar justicia o esclarecimiento por lo que pasó con mi hermana. Ahora se dignaron a poner, bien chiquito abajo, “Paz por Ilda”.
Pero la paz para Ilda no es una frase chiquita en un flyer.
Paz para Ilda es que mis padres, que sufren y lloran todos los días por su hija, sepan que paso esa noche. Es que nosotras sus hermanas podamos saber qué ocurrió en sus últimas horas. Es poder empezar a transitar este duelo con la verdad y no con versiones diferentes y un “no sé”.
No estamos pidiendo nada extraordinario. Estamos pidiendo lo que cualquier familia pediría en nuestro lugar: que se investigue hasta saber qué sucedió.
Pedir la verdad no es atacar a nadie. Pedir que se esclarezca la muerte de mi hermana no debería molestar ni asustar a nadie.
Es nuestro derecho y no vamos a dejar de pedirlo.

