Atravesamos un año electoral donde el panorama exhibe una política diseñada y ejecutada por el gobierno nacional se encuentra con el ojo agudizado en la matemática y estadística, ya que la prueba y error no parace tener un margen de tolerancia tan amplio como lo esperaban. La orden de cambiemos es asegurase el mapa político electoral en las próximas elecciones parlamentarias.
Exigencia que vienen desde el primer magistrado, ordena a los representantes de cambios en las provincias, a medir la vara de los candidatos con precisión de cirujano. De esta orden política no se encuentra exenta la Rioja.
Cambiemos riojano parece no tener resuelto el acertijo político para lograr el objetivo impuesto por el ejecutivo. Julio Martínez, abocado de lleno a la gestión de orden nacional con una cartera ministerial bastante amplia en obligaciones y recursos, no participará en primera persona en la carrera electoral.
Este escenario político, sin Martínez candidato, hace repensar la nueva figura que ocupará su lugar. La lógica y coherencia política parecerían resolver dicha incertidumbre: la figura del actual titular del PAMI en La Rioja, Ismael Bordagaray, pica en punta. Hombre que ya habría dado varias muestras concretas de hacerle frente al aparato provincial y sus políticas con excelentes resultados (como lo es en el caso de la defensa al cerro Famatina).
Pero Ismael Bordagaray lejos de pasar por alto la lupa política en cuanto medición de imagen y vinculación a la misma, fue medido desprendiéndose así de los posibles candidatos radicales por gozar de una alta imagen e intención de voto. De no resolverse la disputa en materia de candidaturas en nuestra provincia, los resultados arrojados por las consultoras nacionales del ejecutivo harían que Bordagaray sea candidato con o sin cambiemos riojano.
De esta forma el ejecutivo se aseguraría lugares impermeables y de incuestionable representación porque sabe que en tiempos electorales la prueba y error no tienen lugar.

