La realidad es que en la Casa Rosada están desesperados. Saben perfectamente que las últimas adquisiciones de Adorni no cierran por ningún lado y que no tienen un solo papel para salir a justificar los números del Jefe de Gabinete ante la sociedad. Por eso, la única estrategia que les quedó a mano fue la más vieja del manual político: ganar tiempo, estirar los plazos y rezar para que el tema se enfríe.
La oposición dura tenía todo cocinado para arrancar la sesión a las 14:00. Querían obligar al funcionario a ir al recinto a dar explicaciones cara a cara. Al verse contra las cuerdas y al borde de un papelón legislativo, Martín Menem tuvo que salir a ofrecer una «salida elegante» para salvar la ropa.
El pacto se cerró rápido. El oficialismo prometió abrir la comisión de Asuntos Constitucionales el martes que viene para empezar a «debatir» los proyectos contra Adorni. Con esa sola promesa, que no es más que una zanahoria, el PRO y la UCR encontraron la excusa perfecta para bajarse de la sesión y decir que «el camino institucional ya está garantizado». Humo puro.
Los dialoguistas juegan con que la gente común no se conoce el reglamento de memoria. Para sentar a un ministro en el recinto se necesita el dictamen de dos comisiones, no de una. Al habilitar solo Asuntos Constitucionales y dejar afuera a la comisión de Peticiones y Reglamento, el oficialismo mete el caso Adorni en un laberinto burocrático eterno. Lograron lo que querían: patear la pelota para el invierno, esperando que el frío tape el escándalo de las propiedades del vocero.
Para el PRO y la UCR el negocio es redondo, aunque sigan pedaleando en el doble discurso. Para afuera, van a inflar el pecho en los canales de noticias diciendo que «obligaron al Gobierno a dar el debate». Para adentro, en la mesa chica, salvan a Milei de una humillación a cambio de mantener los acuerdos y los favores con la Casa Rosada. Son, como bien dijo el diputado Pablo Juliano, «republicanos selectivos».
Con la sesión de este martes muerta antes de nacer por el faltazo de sus supuestos críticos, La Libertad Avanza respira aliviada. Lograron esconder los papeles de Adorni abajo de la alfombra por un par de semanas y ya se concentran en lo que realmente les importa: la sesión del miércoles para apurar el Súper RIGI.
Se terminó el teatro. Se apagaron los flashes, los diputados dialoguistas se guardaron el enojo en el bolsillo y la transparencia pasó para el próximo año. Una vez más, el blindaje mutuo pudo más que cualquier promesa de campaña.
