El caso que mantiene en vilo e indigna a La Rioja necesita respuestas urgentes para que no se vuelva a repetir. ¿Por qué? Porque una nena de apenas un año fue abusada, las autoridades lo supieron, y aun así se volvió a repetir. Falló el Estado en sus distintos niveles y se necesita una investigación ejemplar para que los responsables paguen las consecuencias de sus acciones u omisiones. EL FEDERAL habló con distintas fuentes para intentar reconstruir el avance del expediente.
El tema estalló la semana pasada y quedó en manos del juez Mario Martínez, que estaba de turno por la feria, pero ahora pasó a manos del magistrado Héctor Barría. El viernes pasado el fiscal General subrogante, Gustavo Salazar, puso al frente de la investigación a dos fiscales, Luis González Aguirre y José Rubén Oliveros Icazatti. Son los que impulsan la causa.
Una fuente cercana a los fiscales explicó a EL FEDERAL que los investigadores tienen dos frentes abiertos. Por un lado, buscan establecer quién cometió el abuso. Aunque no descartan ninguna hipótesis, sospechan de un determinado entorno de la menor, pero pidieron mantenerlo en reserva “para no avivar giles”, según explicaron.
Los investigadores ya tomaron varios testimonios. La primera parte de la pesquisa se orientó a determinar quién del entorno familiar podía aportar datos certeros, dado el contexto de vulnerabilidad en el que viven y la pelea que hay entre los padres. Ahora se centrarán en un determinado sector de los allegados a la víctima.
Por otra parte, hay un profesional del Hospital de la Madre y el Niño en la mira por el anterior abuso que sufrió la menor y que a esta altura está confirmado. Según precisó una fuente policial a EL FEDERAL, la nena nació en octubre de 2015 y al año siguiente llegó al centro de salud con una lesión en la vagina. Pese a que la suturaron, no se inició ninguna acción administrativa, policial o judicial. Nadie la impulsó. Ni la familia ni los profesionales.
“Hay un médico que incumplió sus funciones. Pero la familia tampoco denunció. Si esto se hubiese sabido en su momento, la historia hubiese sido distinta. Por eso creemos que alguien podría estar encubriendo al autor”, preció a este medio un investigador. También contó una hipótesis que pidió reservar y que tiene que ver con el hilo entre los dos abusos, quizás un negocio.
También hubo, en el medio, algún eslabón del Estado que falló. Las primeras miradas apuntan a la directora de Niñez y Adolescencia, Gisela Cejas Mariño. Su explicación hizo agua, fue desmentida por la familia y después se borró de los medios. Tendrá que aclarar las enormes lagunas que hay en su relato.
Esta vez, como luego del primer abuso, la nena había llegado al hospital con mocos y fiebre. Estaba con su madre en la sala de espera cuando empezó a convulsionar. La hicieron pasar y los médicos notaron que tenía una lesión en el ano. Por eso convocaron a la médica legista Paula Juárez, quien confirmó el abuso y notificó a la mamá.
A diferencia de aquella ocasión en 2016, la madre sí hizo la denuncia, en Asuntos Juveniles. Pero a los investigadores les llamó la atención lo que dijo porque “tiró la pelota afuera de su casa”, como ejemplificó un policía a EL FEDERAL. ¿Qué dijo la mujer? “Yo la llevé sanita al hospital y ahora me dicen que fue abusada”.
Fuente: El Federal

