La Argentina tiene una estructura social y económica desigual, realidades heterogéneas y tensiones entre periferias y centros. Las interpretaciones sobre esa estructura, en el plano de las ideas y discursos, evidencian a veces el papel del prejuicio y el desconocimiento de cada realidad regional.
Lo des-centrado, el Otro, es representado por algunos, todavía, como lo inviable, lo inmoral. El prejuicio obstaculiza pensar, escuchar a quienes viven a diario con los problemas; impide reconocer que el motor de la Argentina son esos ciudadanos y ciudadanas que en cada rincón del país se esfuerzan por salir adelante, tanto contra las dificultades económicas como contra la lengua del desprecio.
Alberto en Nación y Quintela y Provincia, llegaron al gobierno con la convicción de poner en marcha una democracia federal que amplíe derechos y sea respetuosa de la diversidad. Que asegure posibilidades más allá de condiciones sociales y del lugar de nacimiento. Una democracia sin odio, sin compatriotas de primera y de segunda. Una democracia de iguales.

