Fuentes al tanto de la situación comentaron a LPO que el economista se negó a convalidar el papelón, después de haber anunciado que el organismo ya estaba en condiciones de publicar los datos con la nueva metodología que iba a ponderar de manera más equilibrada el peso de los servicios públicos en la canasta de los argentinos.
El propio Luis «Toto» Caputo blanqueó que detrás de la salida de Lavagna estuvo su resistencia y la de Milei a difundir un índice que les destrozaba el relato de la desinflación.
«Marco tenía como fecha para implementarlo ahora. Con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar el cambio una vez que el proceso de deflación esté totalmente consolidado», confesó en una entrevista concedida a Radio Rivadavia.
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La explicación de Caputo es compleja porque supone que Milei acepta que se actualicen los datos de la inflación recién cuando el resultado lo favorezca. «Es como si el médico te dice que te va a tomar la fiebre cuando te baje», afirmó a LPO un destacado analista.
Marco tenía como fecha para implementarlo ahora. Con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar el cambio una vez que el proceso de deflación esté totalmente consolidado.
En su argumentación, el ministro de Economía sostuvo que «no hay necesidad de cambiar ahora el índice» y contradiciéndose dijo que «da igual, da prácticamente lo mismo». O sea, si da igual porque hacer semejante zafarrancho. «Vamos a mantenerlo hasta que el proceso de deflación esté consolidado. No hay fecha del cambio», confesó el ministro.
Caputo no tuvo un día muy bueno de declaraciones, pero hay que reconocerle su transparencia. El problema es que una confesión tan contundente sobre la voluntad del gobierno de no actualizar la metodología de cálculo del índice de inflación como propusieron los técnicos del organismo estadístico, habilita una avalancha de juicios de los tenedores de bonos que ajustan por inflación, un escenario similar al que se produjo cuando Guillermo Moreno intervino el índice de precios.
Además, si la diferencia entre ambos índices era de «décimas» como dijo Caputo, el gobierno podría haber hecho como su admirado Chile, cuando actualizan la metodología de sus estadísticas. Publican los dos índices por un año y luego sigue el nuevo.
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Es curioso como se dan las cosas. Lavagna venía protagonizando una gestión muy deslucida, en la que se lo acusó de toquetear no sólo el índice de inflación, sino también el de pobreza y crecimiento, para que el gobierno de Milei se vea más lindo en la foto de las estadísticas oficiales. Y justo cuando se decidió a empezar a converger con la realidad, lo obligaron a irse.
«Se tendría que haber ido antes, rifó muchos prestigio», afirmó un técnico que lo conoce demasiado bien.
Como sea, ahora lo sucederá el dócil Pedro Lines, que proviene de la gestión macrista como Toto Caputo y hasta ahora se desempeñaba como segundo de Lavagna, aunque en su Linkedin había puesto como estado: «Open to work». Ya puede cerrarlo, consiguió trabajo.

