En abril de este año, en el evento Experiencia Endeavor Sub20, Becerra dijo: “Siento que el mundo es muy injusto, que hay gente que se mata laburando y no llega a fin de mes y hay gente que no hace nada y tiene la vida solucionada. Entonces, me parece muy injusto. Siento que cualquier persona que labura, que cualquier médico, maestra, policía, que estudió, que arriesga su vida, tendría que poder estar tranquilo. Siento que un jubilado no tendría que seguir laburando”. También había criticado la inacción del gobierno de Milei respecto a los incendios en la Patagonia a principios de 2025.
Tocó una fibra importante para el Gobierno: que la gente “no llega a fin de mes”, algo cada día más evidente, y que los jubilados tienen que “seguir laburando”. Parece que leyó el trabajo del Instituto Argentina Grande (IAG) que muestra que la tasa de actividad de los mayores de 65 años no para de crecer. En el cuarto trimestre de 2025 fue del 16,89%, el valor más alto del que se tenga registro.
Messi dijo la misma frase, que “la gente no llega a fin de mes”, tras el partido con Inglaterra. Fue ante el periodista Matías Pelliccioni, que introdujo el tema y le dijo: “Los argentinos que capaz no llegan a fin de mes están saliendo de la casa a festejar porque le ganamos a Inglaterra. Y ustedes los sabían y lo jugaron así y nos dieron esta alegría. Te quiero agradecer. Y a vos, como capitán, también lo sabés, porque así lo festejaste, arrodillado, gritándolo. Solamente gracias”.
El periodista hizo un excelente resumen de lo que se vivía en el país pero fue una frase al pasar que Messi recogió en su respuesta: “Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente. Sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo malo que nos toca pasar, que hay gente que la pasa mal, como decís vos, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando; la vida nuestra, lo que nos tocó siempre». No solo retomó la frase, la amplió.
La frase sobre los que no llegan a fin de mes impactó de lleno en el gobierno. La primera reacción a través de sus minions de redes fue culpar al periodista, que le puso esa palabra en la boca a Messi. La realidad es otra.
Messi está tan entrenado para jugar como para hablar. Piensa y ejecuta, con la pelota y la boca. Del entrenamiento futbolístico pueden dar cuenta los colegas que se dedican al tema, pero del de la palabra sabemos. La primera lección para entrenar a alguien que tiene que afrontar preguntas es “contestá lo que quieras”. No importa la pregunta. Un hábil entrevistador puede contrarrestar ese primer truco, pero es más que habitual que los entrevistados lo ejecuten y poco que los periodista lo rebatan. Messi, obviamente, conoce y aplica ese truco cuando quiere, igual que con la pelota. Si dijo que la gente “no llega a fin de mes” es porque eligió hacerlo, le sobra experiencia para tirarla a la tribuna o, más a su estilo, eludir y meter un pase gol.
En la misma situación está el ejemplo de la habilidad de Messi ante las cámaras. Lo describió el periodista deportivo Danny Miche: “Cómo entiende todo Messi, está en todos los detalles. Matias Pelliccioni de TyC le estaba haciendo una linda nota, se nota que tienen buena onda. En el final le dice ‘tengo un regalo especial para vos’, le da una camiseta de Maradona del mundial 86 marca Lecoq. Messi la relojea y esconde el logo. Matias pide que la muestra a cámara y solo exhibe la espalda, donde no se veía el Gallo de la marca. El tipo está en todos los detalles, genio”. Estaba en todos los detalles, incluso cuando dijo que la gente “no llega a fin de mes”.
A Milei eso no le gusta. «Es falso que la gente no llega a fin de mes. Si fuera cierto, estaría lleno de cadáveres en la calle», dijo en alguna oportunidad. El ministro de Economía Luis Caputo hace poco planteó: “no me digas ‘la gente no llega’ porque hace dos años la gente estaba muchísimo peor”. Tras la frase de Messi, fue el vocero Ravier el que salió al cruce y dijo: “No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes”.
Finalmente el gobierno tuvo que ceder ante las palabras del capitán de la Selección pero solo para tirarle la culpa a otro. En un tuit dedicado a atacar al periodista de El Destape Jonathan Heguier, que publicó una nota con la incomodidad del gobierno frente a las declaraciones de los jugadores, la Oficina de Respuesta Oficial dijo: “Sobre las palabras del mejor futbolista de la historia, Lionel Messi, que hay gente que la está pasando mal, es completamente cierto. Dos décadas de decadencia kirchnerista no se borran de ninguna manera en veinticuatro meses”.
Lo que Messi hizo evidente se corrobora con datos. El Indec dio ayer el índice de Salarios: de nuevo cayeron contra la inflación. Contra una inflación del 2,1% el salario registrado privado subió 2% y los públicos 1,5%, ambos abajo. Si se toma la interanual, la inflación fue de 33,2%, los salario privados subieron 29,3% y los públicos 27,4%. El economista Luis Campos resumió: «Contra noviembre de 2023 pierden 3,6% y 17,8% respectivamente. En promedio, los asalariados formales están 8,7% abajo (INDEC)». La morosidad de las familias está en niveles record producto de esta crisis en los ingresos, en especial en los jóvenes. El Instituto Argentina Grande revela que 1 de cada 4 morosos incobrables tiene menos de 29 años, que la cantidad de deudores incobrables entre 15 y 29 años creció un 87% en un año y que la morosidad familiar ha alcanzado su nivel más alto en 16 años, afectando a más de 5,8 millones de personas en mayo de 2026. Y van 12 meses seguidos de caída del empleo en el país. Messi dio en la tecla.
Entre que la gente no llega a fin de mes y la bandera de «Las Malvinas son argentinas» el Gobierno quedó incómodo. ¿Los jugadores buscaron eso? Lo más probable es que conscientemente no. Alguno será más afín al gobierno, otro más opositor. Son pocas las intervenciones políticas de los futbolistas. Acaso el más jugado es Lisandro Martínez, con fotos con el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo y declaraciones contra la represión policial a los jubilados. Todo indica que simplemente dijeron cosas obvias: que “las Malvinas son Argentinas” y que “la gente no llega a fin de mes”. La incomodidad de Milei frente a lo evidente explica el resto.
Son argentinas
Se calcula que 1.000 millones de personas vieron la semifinal que Argentina le ganó a Inglaterra. Es 10 veces la población combinada de los dos países que disputaban algo que no era solo un partido de fútbol. Y cuando terminó, en el clímax de atención de los festejos, los jugadores desplegaron la bandera con la consigna “Las Malvinas son Argentinas”, algo prohibido por la FIFA que el gobierno de Milei aceptó sumiso pero la Selección Argentina no.
¿Cuántas personas se enteraron en ese momento de la existencia de las Malvinas, de que son argentinas? ¿Cuántos se preguntaron por qué los jugadores liderados por Lionel Messi, en ese momento de gloria, de pase a una final del mundial, se atrincheraron detrás de un trapo sencillo con unas letras desprolijas y que, a su vista, no hablaba de fútbol? ¿A cuántos les llegó luego, en las millones de fotos compartidas en redes sociales?
“Malvinas”, “las malvinas”, “argentina malvinas”, “bandera malvinas”, “malvinas argentinas”, “islas malvinas”, “argentina bandera malvinas”, “guerra malvinas”; las búsquedas en Google y Youtube de estas palabras se multiplicaron, en algunos casos crecieron un 800%. Las estadísticas públicas de Google revelan que “Malvinas” triplicó a “Falklands” en las consultas de todo el mundo.
Incluso en Estados Unidos las búsquedas de Malvinas superaron a las de Falklands. Tal vez esa fue la razón de que incluso los funcionarios de Donald Trump respaldaran la jugada que inició Giovanni Lo Celso tras el pase de un héroe aún anónimo que hizo gala de cómo el ingenio popular sobrepasa cualquier prohibición.
“¿Estuvieron mal los jugadores argentinos en usar un partido del Mundial para reclamar la soberanía de las Malvinas, que es territorio de su gran aliado, el Reino Unido? ¿Los jugadores que politizaron el Mundial tendrían que ser sancionados y no jugar la final?”, le preguntó un periodista a Andrew Giuliani, el director de grupo de trabajo para el Mundial del gobierno de Trump. La respuesta fue clara: “Mire, aquí en los Estados Unidos de América creemos en los derechos que nos otorga la Primera Enmienda”.
La primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos data de 1791 y dice: “El Congreso no promulgará ley alguna con respecto al establecimiento de una religión ni que prohíba el libre ejercicio de la misma; ni que coarte la libertad de expresión o de prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar al Gobierno la reparación de agravios”. Libertad de expresión y de protesta pacífica. El funcionario de Trump remató: “Y en cuanto a la capacidad y la oportunidad de hacer esas declaraciones, en los Estados Unidos de América existe la libertad para hacerlo”.
Es evidente que eso no rige en el Estados Unidos de Trump, que hace unos meses desató una Gestapo personal que aterrorizó a su propia población. Pero el fútbol, una vez más, pudo sortear lo que la política no. Giuliani, hijo del ex alcalde de Nueva York Rudolf Giuliani, ex golfista y que trabajó con Trump también en su primera presidencia como su enlace con el deporte, dejó en offside a Milei. Un offside claro, no hace falta el VAR.
“Los jugadores no son parte de la diplomacia” dijo Milei, que incluso normalizó que fueran sancionados. No los protegió, no los apoyó, no los reivindicó; señaló que habían roto una regla que él y su gobierno aceptaron y los jugadores eligieron eludir con espíritu maradoneano.
“Ninguno de ellos ocupa un cargo público ni compromete la posición del Estado cuando habla”, publicaron desde la Oficina de Respuesta Oficial. ¿Qué posición quedaría comprometida si el gobierno tuviera la misma posición? Principio de revelación, diría Milei.
Silbar bajito
Milei reveló, además, cómo quiere que sea su política respecto a Malvinas: cumplir con mencionarlo pero no molestar, que no se escuche, que el mundo no sepa, que quede en un documento, entre diplomáticos. En la misma línea, Mauricio Macri dijo que “no era el momento”.
La desmalvinización que promueve Milei ya era evidente. Por eso, al enterarse de la prohibición de la FIFA, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva la comunicó como algo más, un dato, una nimiedad. Un desconocimiento de la cultura argentina de mínima. Pero, dada la dinámica de los vínculos intra libertarios, fue más bien una sobreactuación para captar los caprichos presidenciales, para gustar a un Milei tan sobregirado en su fanatismo por Trump que se come todas las curvas de la errática diatriba pública del norteamericano. Si lo dice la FIFA lo dice Trump, si lo dice Trump acatamos, piensa Milei. Pero Trump lo dejó en offside.
Lo que quedó expuesta es la incomodidad de la derecha argentina ante la mundialización de “Las Malvinas son Argentinas”. El Mundial mundializó lo que los Milei quieren que sea un reclamo que silbe bajito.
La Selección no se limitó a cantar por “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”: puso a Malvinas en las pantallas de todo el mundo, incluso en las tapas de los diarios ingleses. Por eso a Milei lo incómoda está imagen, le rompió el discurso en el terreno que cree propio, el de las redes que maneja su otro amigo, Elon Musk, que tampoco pudo salvarlo. Miles de millones se enteraron, preguntaron ¿que son las Malvinas?, y no vieron un reclamo ni una súplica, leyeron una afirmación “Las Malvinas son Argentinas”.
Los okupas
Esa bandera que desplegaron los jugadores expresa lo contrario a lo que piensa Milei. El año pasado, en el discurso del 2 de abril por el aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas, Milei dijo, según consta en los registros oficiales de Casa Rosada, lo siguiente: “Y si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo”.
La expresión del “voto con los pies” no es de Milei sino del economista y geógrafo Charles Tiebout. La teoría de Tiebout radica en que en lugar de cambiar los gobiernos mediante los votos, las personas pueden elegir mudarse a donde ya exista un sistema que les agrade, en especial en el cruce entre impuestos y bienes públicos. «El modelo de votar con los pies es una creación de Tiebout. Descentralizas el gasto público a los municipios y la gente saca a la luz sus preferencias sobre bienes públicos e impuestos eligiendo vivir en donde los impuestos y el gasto son tan bajos/altos como ellos más prefieren», detalló el economista Ricardo Rotsztein, profesor de finanzas públicas.
Como en otros casos, Milei usa mal el ejemplo, ya que mezcla ese “votar con los pies” con el crecimiento económico, mientras Tiebout habla de preferencias en los bienes públicos y de competencia entre municipios, no países. En lugar de que los bienes públicos los provea el gobierno central, Tibaut planteaba generar competencia entre los municipios y que los ciudadanos elijan. ¿Cuál va a ser el criterio? Ciudadanos que eligen racionalmente al que dé mejores bienes públicos. ¿Quién elegiría la Argentina donde se recortan todos los bienes públicos? Tibaut se reiría de Milei.
Más allá de la discusión teórica, la clave radica en que los ocupantes de Malvinas, los kelpers, no tienen nada que votar. No importa su nacionalidad, viven en territorio argentino. Cualquier extranjero puede vivir en la Argentina e incluso nacionalizarse argentino. Pero la discusión sobre Malvinas no pasa por si sus ocupantes quieren o no ser argentinos, sino porque ese territorio forma parte de la Argentina. Milei va en contra de toda la tradición de defensa soberana de las Malvinas.
La teoría de que si el país crece los kelpers optarán por ser argentinos no solo es absurda sino que es contraria a la línea histórica de la Cancillería. La idea de crecimiento económico vinculada a soberanía tampoco es algo que esté en la mente de Milei. Al día siguiente de ese discurso del 2 de abril, Milei se fue a Estados Unidos, puntualmente a Mar-a-Lago, la residencia de Trump. “La Argentina va a avanzar para readecuar la normativa de manera que cumplamos los requerimientos de la propuesta de aranceles recíprocas, elaborada por el Presidente Donald Trump”, dijo. Pasó de hablar de soberanía económica a adecuar los aranceles a los intereses del principal aliado del ocupante de Malvinas, una decisión que demuele lo que queda de la industria argentina.
“Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas”, escribió el vocero presidencial Adrián Ravier. Más allá de la producción de bananas no es una de las insignias argentinas, fue una nueva demostración de que en el gobierno no conocen ni el país que odian. La idea del “país bananero” remite a los países centroamericanos, con producciones de monocultivos donde las compañías estadounidenses, cuya máxima expresión fue la United Fruit Company, tomaban por asalto sus economías y, por ende, sus políticas. Nada más distante que la Argentina, a no ser que el Gobierno reconozca que busca reemplazar bananas por hidrocarburos y minerales.
El otro punto que repite Milei sobre Malvinas es que los gobiernos anteriores demonizaron a las Fuerzas Armadas y redujeron su presupuesto. Lo primero es maniqueo; lo que existió fue un proceso de Memoria, Verdad y Justicia sobre los militares que participaron del terrorismo de Estado. Lo segundo es falso: el simple ejemplo del Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF) del 2020 lo desmiente, así como las recomposiciones salariales y el inicio de negociaciones por armamento clave que comenzaron durante la gestión anterior.
“Si a eso le sumamos el desarme y la demonización deliberada de las Fuerzas Armadas, teníamos la receta perfecta para que las Islas Malvinas permanezcan para siempre en manos extranjeras”, insistió Milei. Pero los números lo contradicen. Los portales especializados Red Castrense y Zona Militar publicaron que en 2025 Milei destinó el 0,28% del PBI a Defensa, el número más bajo en 4 años. Desde que asumió solo bajó el presupuesto de las Fuerzas Armadas. El presupuesto 2026, dicen esas publicaciones, mantiene la tendencia a la baja.
La misma dinámica ocurrió en 2024, en el primer discurso de Milei un 2 de abril. Insistió con que la cuestión Malvinas se resolvía con crecimiento económico y reivindicación de las Fuerzas Armadas y a las pocas horas corrió a darle la bienvenida a la generala estadounidense Laura Richardson en Ushuaia, donde llegó para monitorear los avances de una base naval integrada que, según Milei, “se trata de un gran centro logístico que constituirá el puerto de desarrollo más cercano a la Antártida y convertirá a nuestros países en la puerta de entrada al continente blanco”. “Nuestros países”, cuando Estados Unidos está en la otra punta del continente y no le da a Argentina acceso al polo norte.
Ante la generala Richardson, Milei dijo: “Hoy el mejor recurso para defender nuestra soberanía y para abordar de forma exitosa estos problemas es precisamente reforzar nuestra alianza estratégica con los Estados Unidos y con todos los países del mundo que defienden la causa de la libertad. Estamos muy agradecidos por la visita de la general Richardson y por el apoyo que el gobierno de los Estados Unidos ha decidido brindarle a la Argentina”. Dijo cinco veces la palabra soberanía pero ninguna mención a Malvinas, según los registros oficiales de ese discurso.
“Somos conscientes de que hay una deuda en lo salarial con las fuerzas”, dijo Milei en acto del 2 de abril de este año. Le habrá llegado el mensaje de que un piloto de F16 gana hoy lo mismo que un chofer de Uber, apenas arriba de 1.300.000 pesos.
Guillermo Carmona, ex Secretario de Malvinas, explica que durante este gobierno no se desarmaron las áreas de Cancillería y Defensa sobre Malvinas pero “lo que sí es evidente es que han desarticulado su accionar, alineado las posiciones de esos organismos con la política de alineamiento automático y desjerarquizado sus funciones”. A su vez, en línea con la idea de silbar bajito y que no salga de las paredes diplomáticas, Carmona afirma que “barrieron a los grupos de apoyo al diálogo por Malvinas que eran comisiones integradas por personalidades de cada país en los que Argentina tiene embajadas, desarticularon el vínculo con un universidades argentinas y extranjeras y observatorios que habíamos reconstruido tras el macrismo”. “Incluso han desarticulado iniciativas y programas que fueron creados por ley como el Consejo Nacional Malvinas, la iniciativa Pampa Azul (fundamental para la consolidación de la presencia soberana Argentina en el Atlántico Sur), el Programa Nacional de Investigación e Innovación Productiva en Espacios Marítimos Argentinos (Promar) y el Programa Antártico Argentino”
Al Gobierno le gusta hablar de okupas cuando se refiera a personas sin techo. Podría hacerlo cuando habla de los kelpers y le serviría la k.

