En junio se autorizó el primer aumento de precios de 20%, en julio se intensificó a 25% y desde el inicio de agosto será de otro 30 por ciento.
En sólo tres meses un componente importante en la canasta de hogares habrá acumulado un encarecimiento de 75%, esto es virtualmente se duplicó, y no guarda relación con la tasa de inflación, y menos aún con la variación de los costos de producción.
Las razón de semejante aumento de precios para el segmento de los aceites de girasol, mezcla y de soja, que en la industria aseguran que representan no más del 20% del total del consumo de aceites comestibles, obedece a la caída de un acuerdo que existió desde 2008 hasta fines de 2015 entre el Gobierno nacional y la industria aceitera argentina de asegurar un cupo fijo de venta para consumo y otro tanto para la exportación, para esas variedades, por el cual se mantenía congelado el precio final.
Las nuevas autoridades de Cambiemos recibieron esa herencia y decidieron prorrogar el régimen, por cinco meses, pero desde junio acordó con la industria la liberación gradual del precio al mercado final, con la autorización de tres aumentos escalonados que comenzó con el 20% en el primer mes; 25% en julio y 30% desde el 1 de agosto próximo.
De ahí que, como ha ocurrido en los dos meses previos, el público multiplicó su demanda a días del nuevo ajuste, al punto que “en algunos casos se registraron en dos días ventas por el equivalente a lo que normalmente se despacha en poco más de siete”, dijo Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación Supermercados Unidos.
Ante semejante estampida de la búsqueda de las familias de los aceites de girasol, mezcla y soja, en esas líneas “algunos establecimientos debieron imponer cupos de ventas por cliente de hasta dos unidades de producto, para asegurarle la provisión a todos, porque no es intención retener la mercadería”, aseguró el dirigente mercantil.

