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Los asesinos de Angelelli, Murias y Longueville fueron defendidos en la Justicia por Juan Carlos Pagotto

El hoy senador libertario Juan Carlos Pagotto fue quien defendió a los Genocidas Luis Fernando Estrella y Domingo Benito Vera, condenados a prisión perpetua junto al represor Luciano Benjamín Menéndez por el secuestro, tortura y asesinato de los sacerdotes de Chamical, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville; y al alférez Ángel Ricardo Pezzetta, durante la Dictadura. Pagotto no oculta su pensamiento político y tampoco su pasión por defender a Genocidas. Hoy, gracias a Martín Menem, ocupa una banca en el Senado de la Nación.

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Juan Carlos Pagotto no oculta su pensamiento político, y tampoco se priva de reproducir o comentar publicaciones de CELTYV, la agrupación que reivindica el accionar de los represores en la dictadura; o de la Agrupación “Justicia y Concordia”, la asociación de abogados creada en 2009 como una fuerza contra los juicios por delitos de lesa humanidad, integrada por Ricardo Saint Jean (hijo del interventor de la Provincia de Buenos Aires en la dictadura, Ibérico Saint Jean), Alberto Solanet y María Laura Olea, ex secretaria de la Cámara de Casación y a su vez, defensora de su padre, uno de los jerarcas del V Cuerpo de Ejército durante la dictadura.

Publica, por ejemplo, que el hijo de Hebe de Bonafini (a quien llama “Bostafini”), vive en Europa, que los desaparecidos no fueron “jóvenes idealistas”, que Cristina Fernández de Kirchner fue montonera o que fue injusto que Videla muriera en la cárcel.

Es lógico, Pagotto fue abogado de varios acusados de delitos de lesa humanidad: el vice comodoro Luis Fernando Estrella -segundo jefe de la Base Aérea de Chamical- y el ex comisario Domingo Benito Vera, condenados a prisión perpetua junto al represor Luciano Benjamín Menéndez por el secuestro, tortura y asesinato de los sacerdotes de Chamical, en La Rioja, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville; y al alférez Ángel Ricardo Pezzetta, durante el proceso residual de la causa por el crimen de los dos religiosos.

La noche del 18 de julio de 1976 los padres Gabriel Longueville y Carlos Dios Murias fueron secuestrados por civiles armados que se identificaron como miembros de la Policía Federal . Al día siguiente, sus cuerpos con claros signos de tortura fueron encontrados a 5 kilómetros de Chamical, tirados al lado de la vía.

Estrella y Menéndez, a su vez, fueron también responsables del crimen de Monseñor Enrique Angelelli, ocurrido el 4 de agosto de 1976 cuando volvía de oficiar una misa en Chamical en memoria de los sacerdotes Murias y Longueville y mientras conducía rumbo a Buenos Aires para denunciar ante el arzobispado los crímenes de la dictadura en La Rioja.

Angelelli iba al volante de su vieja camioneta Fíat 1500. A su lado viajaba el padre Arturo Pinto. Iban preocupados y decididos a denunciar estos crímenes antes de que fueran por él. Todas las señales así lo indicaban, la semana anterior habían detenido a otros sacerdotes alineados con las consignas de la Teología de la Liberación y su «opción por los pobres»: Eduardo Ruiz en Olta, Gervasio Mecca en Aimogasta; y el asesinato del laico Wenceslao Pedernera ametrallado en la puerta de su casa por un grupo de tareas que había ido a secuestrar a otro cura y que al no encontrarlo, la emprendieron contra Wenceslao.

En esa semana se había entrevistado con el Jefe del III Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez con la intención de frenar la represión y las violaciones a los derechos humanos en la provincia y en su diócesis.

-General, usted y yo somos católicos, tenemos que rezar un padrenuestro por los perseguidos – le dijo a Menéndez.

-Yo no rezo el padrenuestro por los subversivos porque no los considero hijos de Dios – le contestó el militar, quien se jactaba de su respuesta a los pedidos del cura a quien, para cerrar el encuentro, le dijo: «El que se tiene que cuidar es usted».

Angelelli no olvidó esa amenaza, pero ese 4 de agosto no pensó en ella cuando cargó en el asiento trasero de su camioneta Fiat 1500 dos voluminosas carpetas con documentos y testimonios de los curas asesinados por los que había oficiado misa unos minutos antes. Uno de los asesinos estaba identificado, era el jefe de la Base Aérea de Chamical, un hombre que hasta unos días antes de mandarlos a matar, tomaba la comunión de manos de Longeville y Murias: el comodoro Luis Estrella.

Tenía premura por llegar a Buenos Aires y entregar los papeles al nuncio apostólico Pío Laghi. Nunca llegó. En medio de la ruta desierta, a la altura de Punta de los Llanos, un Peugeot 404 encerró la camioneta, que volvó y dio varios tumbos. Angelelli salió despedido y quedó tendido con los brazos en cruz, sobre el asfalto. Allí lo remataron a golpes.

Pinto, con vida, quedó inconsciente dentro de la camioneta.

El cadáver de monseñor Angelelli quedó más de seis horas tirado sobre la ruta, rodeado de policías que impedían que nadie se acercara. Los papeles que debían llegar a la cúpula de la Iglesia en Buenos Aires, terminaron en el despacho del ministro del Interior Albano Harguindeguy.

El 4 de agosto de 2014 Estrella y Menéndez fueron condenados a perpetua por el crimen de Angelelli.

También fue abogado defensor de los condenados por delitos de lesa humanidad, el ex juez Roberto Catalán (que murió en la calle mientras violaba su arresto domiciliario), nombrado en su cargo en 1976 por Jorge Rafael Videla; y del ex policía Roberto Ganem, ambos condenados por delitos de privación ilegítima de la libertad, secuestro, torturas, homicidio y asociación ilícita en el marco de la Megacausa Menéndez. En el juicio desarrollado en Córdoba Pagotto buscó desacreditar a los testigos-víctimas hostigándolos con términos como “terroristas” o “tirabombas” sin que siquiera se hubiera acreditado militancia alguna en los testimoniantes.

A Pagotto le gusta hacer declaraciones. Con respecto al fallo del 2×1 para genocidas que intentó reducir el tiempo de cumplimiento de penas, dijo que era “jurídicamente inobjetable”, aunque fue cuestionada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas por ser contraria a las obligaciones internacionales del Estado Argentino.

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