La escena, registrada en video y difundida en redes sociales durante las últimas horas, transcurrió cuando el ministro riojano intervino con una carpeta de datos en la mano y un discurso centrado en el deterioro de la capacidad operativa provincial: la demanda social en La Rioja crece, las transferencias federales cayeron, y los programas que sostiene la provincia con fondos propios están al límite.
En ese punto, una funcionaria nacional interrumpió la alocución y reconvino al ministro riojano por una cuestión técnica: la provincia, según Capital Humano, no habría completado la adhesión a los sistemas de datos nacionales que permitirían gestionar asistencias, lo que convertiría el reclamo en una expresión política sin respaldo de información. Fue entonces cuando la funcionaria lanzó la frase que condensa la contradiscusión del gobierno nacional: «magia no podemos hacer».
Menem mantuvo el pulso, bajó el registro y replicó con una observación meta-discursiva: si las provincias no pueden relatar lo que viven en su territorio, la reunión del Consejo Federal deja de ser un ámbito de articulación y pasa a ser «una exposición» del nivel nacional sobre las jurisdicciones. La chispa del debate saltó después, cuando desde el estrado nacional se deslizó que el ejecutivo de Ricardo Quintela bloquearía el ingreso de operativos de Nación al territorio riojano por «cuestiones políticas». Ahí Menem formuló la línea que se viralizó: la que dijo que si no llegan políticas a La Rioja es porque no quieren llegar.
La crítica de Menem no es declamativa. La serie de datos que viene cargando la cartera desde principios de 2026 traza un cuadro consistente del «ahogo financiero» que denuncia. A mediados de marzo, el ministro confirmó que el desdoblamiento del programa Potenciar Trabajo por parte del gobierno de Milei dejó afectados en La Rioja entre diez y doce mil beneficiarios. El 75 % de los titulares locales quedó reubicado en el nuevo programa «Acompañamiento Social», segmentado para mayores de 50 años —es decir, para personas con baja probabilidad de reinserción laboral formal en un mercado en contracción—. En términos de circulante, Menem estimó que la provincia perderá unos 850 millones de pesos mensuales de consumo interno.
A eso suma el dato más grueso: La Rioja reclama al Tesoro Nacional unos USD 1.400 millones en fondos extracoparticipables adeudados, según las mediciones que maneja la propia cartera. Y contabiliza, en paralelo, 250 comedores y merenderos cerrados por la interrupción del flujo alimentario desde Capital Humano. En el plano escolar, la provincia sostiene el almuerzo PAR con fondos propios para más de 20 mil alumnos en 245 escuelas, pero dejó de cubrir desayuno y merienda, servicios que antes se financiaban con partidas nacionales.
Con ese diagnóstico cargado, cuando Menem entra a una reunión del Consejo Federal de Niñez, no va a pedir una política futura. Va a reclamar lo que considera una deuda acumulada de casi dos años.
Al cerrar su intervención en el cruce, Menem dejó una línea que ningún observador riojano puede leer como genérica: sostuvo que «el Presidente del Congreso» no debería querer llegar con políticas a La Rioja. En el organigrama argentino actual, esa figura es Martín Menem. Primera espada de La Libertad Avanza en el Congreso. Y, según la cobertura política reciente, uno de los nombres que La Libertad Avanza baraja para disputarle la gobernación a un candidato oficialista riojano en 2027 —que podría ser, justamente, Alfredo Menem.
Leída en ese plano, la frase deja de ser un reproche a un abstracto nacional y se convierte en una jugada de pizarrón familiar. Alfredo Menem no cuestiona una política de Capital Humano: cuestiona a su primo por nombre y cargo, y lo acusa de haber tomado la decisión deliberada de no financiar a la provincia de la que ambos comparten el apellido.

