Los registros de 2025 muestran miles de traslados financiados con fondos públicos, con diputados que superan los 85 viajes anuales y un sistema que funciona sin señales de ajuste.
Por caso, solo en el primer semestre de 2025, la cámara baja que administra Martín Menem registró 5.504 viajes oficiales, de los cuales 5.167 fueron aéreos y apenas 337 terrestres. La desproporción es evidente: el sistema está prácticamente diseñado para operar sobre vuelos, con una dependencia casi absoluta del transporte aéreo. La mayoría de los trayectos conecta Aeroparque con distintas provincias, en un esquema repetitivo de ida y vuelta que refleja la dinámica legislativa, pero también una lógica de uso intensivo del sistema de pasajes no siempre ajeno de polémicas. No se trata de casos aislados, sino de un patrón extendido, donde la frecuencia de viajes por diputado alcanza niveles elevados mes a mes.
En ese mismo período, además, comienzan a aparecer nombres que concentran una porción significativa de esos traslados. No todos los legisladores viajan igual: hay un grupo que se mueve con mucha más intensidad, acumulando trayectos de manera constante. Esa concentración no necesariamente implica irregularidades, pero sí deja al descubierto un uso desigual de un recurso que, en definitiva, paga el conjunto de la sociedad.
Si se observa el segundo semestre de 2025, la tendencia no solo se mantiene sino que confirma el patrón: 4.480 viajes registrados, nuevamente con un predominio casi absoluto del transporte aéreo. La leve diferencia en el total respecto del primer semestre no altera el cuadro general: el volumen sigue siendo alto y el esquema operativo no muestra cambios sustanciales. La lógica de traslados continúa girando en torno a Buenos Aires como nodo central, con viajes recurrentes hacia los mismos destinos y con una frecuencia que, acumulada, alcanza cifras significativas.
El análisis conjunto de ambos semestres permite dimensionar el fenómeno: casi 10 mil viajes en un solo año para sostener el funcionamiento de la Cámara de Diputados.
Si se pone en perspectiva el volumen total, el dato adquiere otra dimensión: con una cámara integrada por 257 diputados, los 9.984 viajes registrados en 2025 implican un promedio de casi 39 traslados por legislador en el año, es decir, más de tres viajes por mes por cada diputado. Aunque se trata de un promedio —y existen diferencias marcadas entre quienes más viajan y quienes menos—, la cifra general expone un nivel de movilidad elevado y sostenido para todo el cuerpo.
En ese universo, vuelve a destacarse un grupo de legisladores que encabeza el ranking de utilización. Nombres como Carlos Zapata, Jorge Pauli y Mario Cervi (La Libertad Avanza); Rodrigo De Loredo y Natalia Sarapura (Unión Cívica Radical), y Ariel Rauschenberger (Partido Justicialista); entre otros, aparecen entre los que más viajes registran, todos con cifras cercanas o superiores a los 85 traslados anuales. Es decir, niveles de movilidad muy por encima del promedio.
La crisis no la paga la casta
El dato no es menor en el contexto actual. Mientras el gobierno nacional construye su legitimidad política sobre la idea de reducir el gasto y terminar con los privilegios de la “casta”, el funcionamiento real de una de las instituciones centrales del sistema político muestra otra cosa: un esquema de movilidad costoso, sostenido y sin señales visibles de ajuste.
Es cierto que no es sencillo traducir este volumen en un monto exacto sin acceso al detalle de costos por pasaje. Pero incluso sin ese número, la magnitud habla por sí sola. Miles de viajes anuales, en su mayoría aéreos, financiados por el estado en un contexto de ajuste sobre jubilaciones, salarios y consumo.
La pregunta, entonces, no es solo contable sino política: ¿Hasta dónde llega el ajuste y quién lo paga realmente? Porque mientras el discurso apunta a recortar sobre la sociedad, los números del Congreso de la Nación Argentina sugieren que hay estructuras que, al menos por ahora, siguen funcionando con una lógica bastante alejada de ese relato.
FUENTE: REALPOLITIK

