Por Cr. Pablo Herrera, Concejal y dirigente Peronistas sin Frontera
La inflación de marzo llegó al 3,4%, el dato más alto del año. No es un número frío: es el termómetro de una gestión que prometió estabilidad y entrega aceleración. Al mismo tiempo, la imagen negativa de Karina Milei ronda el 66%, la más alta dentro del propio oficialismo.
Pero el daño no se agota en los índices. La caída de la actividad económica arrastra consigo la recaudación impositiva, y con ella, los fondos coparticipables. Provincias y municipios reciben menos recursos justo cuando más los necesitan para sostener salud, educación y servicios básicos.
A eso se suma una paradoja escandalosa: Argentina, país productor de petróleo con Vaca Muerta como emblema, tiene combustibles más caros que naciones que no producen una gota. Una carga impositiva que el ciudadano paga en el surtidor pero que no retorna ni a las provincias ni a los municipios.
El resultado es visible en la vida cotidiana: hospitales sin medicamentos, PAMI sin médicos, universidades desfinanciadas, personas con discapacidad abandonadas a su suerte.
No son errores. Son las marcas de un plan que no funcionó, que no funcionará, y que fue diseñado — o improvisado — por funcionarios sin preparación y con escasa vocación de servicio público.
Fin.

