La crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo están transformando de manera drástica los hábitos alimenticios de los argentinos. En un contexto donde los bolsillos crujen, cada vez más trabajadores —especialmente aquellos que realizan sus tareas en la vía pública— optan por reemplazar el almuerzo por un alfajor y una bebida, una alternativa mucho más económica que sentarse a comer un menú tradicional.
