En diálogo con Fénix, el profesional advirtió sobre los riesgos del consumo en jóvenes en el marco de los festejos del UPD y pidió reforzar la prevención desde las familias y la comunidad.
El especialista advirtió que la ingesta puede generar secuelas persistentes. “Una sustancia tóxica provoca daño neuronal y muchas veces ese daño queda en forma permanente, especialmente cuando el consumo es reiterado”, afirmó.
También alertó sobre el impacto social y familiar del consumo problemático. “No es solo lo orgánico, el alcohol provoca daño social y familiar, y muchas veces es la puerta de entrada a otras sustancias”, indicó.
Moreira explicó que el alcohol actúa como depresor del sistema nervioso y que sus efectos se manifiestan de forma progresiva. “Primero aparece la desinhibición, pero después se van apagando funciones del cerebro, el habla se vuelve lenta, los movimientos torpes y se pierde el equilibrio”, detalló.
En casos de consumo excesivo, señaló que puede producirse un cuadro grave. “El coma alcohólico implica que el cerebro se apaga, se altera todo el organismo y el paciente llega descompensado, con fallas en distintos órganos”, sostuvo.
El profesional indicó que el daño puede ser importante incluso en episodios aislados. “En una sola ingesta pueden quedar consecuencias a largo plazo, porque el alcohol afecta el sistema nervioso, el riñón, el corazón y todo el funcionamiento del cuerpo”, remarcó.
Además, planteó la necesidad de reforzar el acompañamiento de los adultos. “Los padres son el primer eslabón, con contención, diálogo y escucha. La prevención es fundamental para que los adolescentes conozcan los riesgos y puedan tomar decisiones”, expresó.
Finalmente, señaló que desde el sistema de salud y organizaciones se trabaja con acciones preventivas en instituciones educativas y espacios comunitarios. “Cada adolescente que llega con intoxicación es una batalla perdida, por eso hay que insistir en la prevención y en generar conciencia sobre el daño que produce el alcohol”, concluyó.

