La quita de los fondos compensatorios no fue un error ni una omisión: fue una decisión política que quebró 38 años de acuerdos y contó con el aval de diputados riojanos. Mientras el oficialismo provincial dio la pelea, Martín Menem y Gino Visconti optaron por acompañar un recorte que castiga y condiciona a La Rioja.
Por primera vez en 38 años, La Rioja quedó excluida de los fondos compensatorios que históricamente equilibraron la pérdida de un punto de coparticipación. No es un dato técnico ni una anécdota presupuestaria: es un hecho político de enorme gravedad institucional. Y lo es aún más porque ocurrió con dos diputados nacionales de la provincia sentados en sus bancas, sin asumir la defensa que el momento histórico exigía.
Durante el tratamiento del Presupuesto, La Rioja sí tuvo quienes pelearon por la incorporación de esos fondos. Los diputados del oficialismo provincial -Gabriela Pedrali, Sergio Casas e Hilda Aguirre de Soria- dieron la discusión, plantearon el reclamo y expusieron con claridad la injusticia histórica que implica quitar una compensación vigente desde 1988. La pelea existió, fue explícita y quedó registrada.
Justamente por eso resulta imposible disimular el contraste. Mientras ese bloque defendía los intereses de la provincia, Martín Menem (cuyo padre sentó ampliamente jurisprudencia sobre los fondos compensatorios) y Gino Visconti optaron por alinearse con una decisión nacional que deja a La Rioja sin recursos esenciales. No se trató de una derrota colectiva: fue una elección política. Y esa elección tuvo consecuencias concretas para la provincia que dicen representar.
Durante casi cuatro décadas, todos los gobiernos nacionales -de distintos signos políticos- sostuvieron algún mecanismo de compensación para La Rioja. Nunca fue un privilegio: fue el reconocimiento tácito de una inequidad estructural. Que hoy ese consenso se rompa marca un punto de quiebre. Pero que se rompa con la anuencia de diputados riojanos que responden al oficialismo nacional convierte el hecho en algo mucho más grave.
La pregunta es inevitable: ¿qué pesa más a la hora de votar un Presupuesto, la disciplina partidaria o la responsabilidad con la gente que los eligió? Porque cuando se levantan las manos en el Congreso, no se votan consignas: se votan recursos que impactan en salarios, servicios, obras y políticas públicas.
Lo ocurrido no puede leerse únicamente en clave presupuestaria. La exclusión de los fondos compensatorios funciona también como una herramienta de disciplinamiento político. La decisión de Martín Menem y Gino Visconti de acompañar esta quita responde a una lógica que busca condicionar a La Rioja y asfixiar financieramente al gobierno provincial, forzándolo a alinearse o a administrar la escasez como método de presión. No es austeridad ni equilibrio fiscal: es castigo selectivo. Y cuando ese castigo se ejecuta con la participación de diputados que representan a la propia provincia, el daño institucional es doble.
No alcanza con relativizar las consecuencias ni con esconderlo detrás de discursos abstractos sobre el ajuste. La Rioja pierde fondos, pierde margen de acción y pierde una defensa que debería haber sido unánime. Que este episodio pase como si nada hubiera ocurrido sería naturalizar que los intereses provinciales queden subordinados a decisiones tomadas lejos del territorio.
Esta vez, La Rioja no falló en defenderse. Fallaron quienes, teniendo la obligación política y moral de hacerlo, eligieron mirar para otro lado. Y eso no puede ni debe quedar en silencio.

