Redacción de RiojaLibre
Luego de que la Secretaria del Partido anunciara Internas Bederistas para comienzos de marso, sorprendió la reacción de los ‘supuestos’ protagonistas. Lejos de celebrar la noticia, fueron víctimas del nerviosismo y temor de tener que enfrentar -al fin- a las urnas. En las encuestas no miden más de 5 puntos porcentuales, por lo que temen protagonizar un papelón histórico el próximo 8 de marzo.
Néstor Bosetti fue el primero en criticar la iniciativa, al considerarlo un ‘gasto innecesario’ e insistiendo que el Gobernador debía ser quien elija a su candidato. Al no contar con la adhesión de la gente, algunos políticos saben que su única salvación es la dedocracia.
Por su parte, Paredes Urquiza minimizó la noticia, diciendo que la fecha de las elecciones era ‘solo un rumor’. Luego de sus raid mediáticos (con increíbles contradicciones), Tere Madera eligió el silencio luego de que hable Machicote.
Existe una realidad: ninguno de estos candidatos cuenta votos por sí solos. Nunca afrontaron elecciones donde sean ellos los que se pongan a consideración del Pueblo, sino que iban escondidos detrás de la figura del Gobernador. Es decir, los votos son (o mejor dicho, eran) de Luis Beder Herrera.
El antecedente más inmediato que comprueba esta teoría son las elecciones de 2013 en Capital. Se presentaron 17 colectoras bederistas, pero el Gobernador solo apunto su ‘dedo bendecidor’ hacia dos candidatos a Diputados: Paredes Urquiza y Basso. El ‘aparato’ fue funcional a esas listas y -aunque no consiguieron vencer- quedaron segunda y tercera, respectivamente. Las otras 15 hicieron agua, tuvieron un desempeño vergonzoso, demostrando que no son capaces de ‘contar’ ni siquiera 1.000 votos.
Ahora, los ‘nominados’ se ven obligados a tener que salir ‘solos’ a conquistar al elector y por eso padecen un miedo escénico pocas veces visto. No es alentador el comienzo para la democracia: muchos de estos candidatos en lugar de salir a la calle a seducir al ciudadano, se dedicaron a lanzar críticas y operaciones mediáticas contra sus contrincantes.
No pelean por conquistar votos, luchan para que el dedo de Beder los apunte y puedan contar con ‘el aparato’; por que sin él, no son nada.

