En el marco de las fiestas de invierno en honor a San Nicolás de Bari, que comenzaron el 27 de junio último, ayer se realizó la tradicional procesión con las imágenes de San Nicolás y Nuestra Señora del Valle. La peregrinación fue encabezada por el obispo de La Rioja, monseñor Marcelo Colombo y acompañado por sacerdotes de la diócesis.
Además, entre las autoridades provinciales y municipales, participaron el vicegobernador Sergio Casas, el ministro de Educación, Walter Flores, el secretario de Ambiente Nito Brizuela y el viceintendente de la capital, Armando Molina.
El recorrido comenzó a las 17, desde la iglesia Catedral, en donde una gran cantidad de fieles ya estaban esperando la salida del santo patrono. A medida que la procesión avanzaba por la calle San Nicolás en dirección a la plaza Juan Facundo Quiroga, más y más gente se iba sumando a la peregrinación.
La multitud continuó por la calle Avellaneda en donde se alcanzó su punto más alto de concurrencia, llegando a los miles de fieles. Posteriormente, el recorrido siguió por Pelagio B. Luna y 25 de Mayo, para llegar nuevamente frente a la Catedral.
MENSAJE DEL OBISPO
En este punto, antes de que las imágenes de los santos ingresen a la iglesia, el obispo Colombo realizó una reflexiva homilía para cerrar las fiestas patronales.
El Monseñor comenzó sus palabras dando gracias a la gente por haber acompañado la procesión, “mis queridos riojanos, hemos caminado felices junto a nuestro padre y patrón tutelar San Nicolás. Como nos dice el apóstol, alégrense siempre en el Señor”.
“Cada año esta fiesta de San Nicolás, la fiesta de invierno como le llamamos familiarmente, nos permite recorrer las calles del centro de la ciudad trayendo nuestros ruegos y nuestra gratitud, nuestras esperanzas y anhelos de una Rioja llena de luz y de paz donde vivamos fraternalmente en nuestra dignidad de hijos muy amados de Dios”, agregó el Obispo.
Asimismo, valoró que “el frio no puede con nuestra riojanidad vestida de fiesta, desafiados por las inclemencias del invierno, sabemos de la alegría de ser pueblo en Dios, de tener el gusto de pertenecerle y de pertenecernos.
Pertenecernos en este entrelazamiento de vínculos profundos que nos hacen ser nosotros mismos junto a los demás y aquí estamos. Deseo poner en manos de San Nicolás, los trabajos que están llevando a cabo nuestras comunidades en ocasión de este año catequístico”.
Comunicó que el l6 de septiembre se concretará la Asamblea Diocesana, en donde “los representantes de cada comunidad, confluirán en un gran encuentro que nos permitirá compartir todo lo trabajado anteriormente y animarnos a dar los primeros trazos de un pequeño pero ansiado plan pastoral para nuestra diócesis”.
“La Rioja cambia aceleradamente y la iglesia tiene que estar junto a sus hijos, tratando de adecuar su pedagogía a los nuevos desafíos que la realidad le propone, buscando alcanzar a todos con su amor de madre y maestra, como servidora siempre dispuesta a comprender y alentar, como testigo profética de una esperanza que nos viene de Dios”, expresó.
Por otro lado, el Obispo se refirió a la lectura de los veredictos por el asesinato de monseñor Enrique Angelelli, “en estos días hemos vivido con mucha emoción la instancia final el juicio por la muerte de monseñor Angelelli.
El ministerio límpido y comprometido de nuestro buen pastor queda de manifiesto también en los trazos finales de la justicia humana, gracias al aporte de numerosos testigos que pudieron contribuir al conocimiento de lo que dramáticamente sucedió aquel 4 de agosto de 1976”.
“En nombre de la Iglesia riojana y de esta sociedad, quiero agradecer a todos los que trabajaron en la causa por el asesinato de monseñor Angelelli, jueces y funcionarios, abogados y testigos, gracias por este momento de máxima luz en nuestra historia”.
Si bien reconoció que 38 años es “mucho tiempo”, consideró que “es mejor que anhelar eternamente la verdad y no poderla encontrar. La verdad ya es nuestra, está en la calle aquello que los numerosos corazones de numerosos riojanos ya sabían”.
Finalmente, el Obispo riojano agradeció a Dios “aquel gesto profético de la Iglesia argentina en 1983, cuando en Neuquén en el marco de un homenaje a monseñor Angelelli, varios obispos pidieron la apertura de la causa refutando con firmeza la versión del accidente. Y agradezco al Santo Padre Francisco, por estar junto a nosotros en nuestra búsqueda de verdad y justicia”.
La procesión, dio por finalizada con la lectura de la bendición Papal y posteriormente, la celebración de la misa en la Catedral.

