Pagotto juega una interna judicial y política evidente, y en ese juego desprestigia a todo el que no le responde. Jueces, fiscales, fallos: todo sirve como blanco si no coinciden con su conveniencia. El contraste es evidente: cuando fue protagonista de una causa, un habeas corpus se resolvió en apenas 24 horas y una jueza terminó apartada. En ese momento, el sistema funcionó rápido, sin objeciones ni cuestionamientos.
La Justicia no puede ser selectiva. No puede ser buena cuando beneficia y corrupta cuando incomoda. No puede adaptarse al interés del litigante de turno. Criticar fallos es parte del juego democrático. Pero deslegitimar al sistema cada vez que no responde a conveniencia no es defensa del derecho: es presión política.
Y cuando la Justicia se convierte en herramienta de relato, el problema ya no es el fallo: es quien lo usa.

