El golpe a la industria nacional volvió a sentirse con fuerza en el interior profundo. En Sanagasta, una localidad que ya conoce de crisis fabriles, la historia parece repetirse como una pesadilla cíclica: la fábrica de calzado Vulcalar bajó sus persianas definitivamente, dejando a 50 familias en la calle. La noticia fue confirmada por el intendente departamental, Federico Sbiroli, quien no dudó en apuntar contra el modelo económico del Gobierno nacional como el causante del desastre productivo.
«Estamos viviendo una situación muy complicada. La apertura de importaciones indiscriminadas sin retenciones ha complicado muchísimo la fabricación nacional», disparó el jefe comunal. La planta, que había reabierto en 2022 con grandes expectativas en el mismo predio que ocupó la histórica Puma hasta su cierre en 2017, no pudo resistir el derrumbe del consumo interno.
«Las ventas cayeron al 10%»
Los números que precipitó el cierre son lapidarios. Según detalló Sbiroli, la empresa pasó de tener 70 operarios a los 50 actuales, pero el golpe de gracia lo dio la facturación. «En este año de crisis, las ventas bajaron al 10% de lo que venían vendiendo en comparación con el semestre de 2023», explicó el intendente.
El funcionario trazó un amargo paralelismo con el pasado reciente: «Era la ex empresa Puma, que también en 2017 cerró las puertas con una política muy parecida a nivel nacional».
Negociación por las indemnizaciones
Con el cierre consumado («se va a producir en estos días el cierre definitivo», confirmó), la prioridad del municipio y de la Secretaría de Trabajo provincial pasó a ser la contención de los despedidos. Sbiroli aseguró que se reunió con la Secretaria Miriam Espinoza, el gremio y los empresarios para garantizar que se cumpla la ley.
«La indemnización va a ser del 100%, es lo que queremos lograr y la empresa está accediendo», afirmó. El próximo martes habrá una reunión clave para definir las liquidaciones finales de los trabajadores, que tienen una antigüedad de tres años.
La esperanza de la «mano de obra calificada»
A pesar del escenario desolador, el intendente dejó una puerta abierta a la reactivación. Destacó que el activo más importante, además de la maquinaria, es el capital humano. «Nos queda una mano de obra calificada en capellada y armado de zapatillas, gente con experiencia en Puma y en Vulcalar», valoró.
Al ser las instalaciones y las máquinas propiedad del Estado («todo es de nosotros»), el municipio ya inició gestiones contrarreloj para buscar nuevos inversores que quieran ocupar la nave industrial. «No perdemos la esperanza de que se comience a trabajar de nuevo», concluyó Sbiroli, aunque advirtió que el contexto macroeconómico «pone muy difícil la cuestión laboral».

