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El coronavirus podría decretar el final de las ficciones nacionales: ¿se acaba una era en la televisión argentina?

La pandemia trajo consigo todos los males sanitarios y económicos que uno jamás pudo imaginar. Pero inesperadamente se cobrará una víctima que nadie previó: las tiras nuestras de cada día

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Por Adrián Pallares

Nacidas en la década del 60, las novelas diarias son una institución en la televisión argentina. Durante esos primeros años eran ficciones de media hora, con pocos actores y decorados muy reducidos. En esas historias era más importante la trama que los escenarios o las locaciones, un concepto que prácticamente no existía.

Fue durante los años 70, con títulos como Me llaman gorrión, Andrea Celeste, Simplemente María, Estación Retiro, todas las novelas de Abel Santa Cruz, Nené Cascallar y el gran Alberto Migré, que el género encontró más popularidad y llegada a la gente.

En los 80 las tiras fueron las mimadas de la televisión. Con Rosa de Lejos, las historias protagonizadas por Andrea del Boca y las producciones de Alejandro Romay en Canal 9, la novela diaria se convirtió en una marca registrada de la televisión argentina. Con el éxito de las novelas, parecía que su reinado en la televisión sería eterno.

Durante los años 90 brillaron las comedias familiares como ¡Grande, pá!, Amigos son los amigos, Son de 10 y La Banda del Golden Rocket, por citar algunas. Las novelas seguían siendo marca registrada de Romay, con títulos como Mas allá del horizonte o Una voz en el teléfono.

Sería Adrián Suar, primero con Poliladron, un unitario que rompió con todos los cánones de producción a nivel local, y luego con otras ficciones semanales como Carola Cassini o RRDT, quien cambiaría la historia de las ficciones locales para siempre.

Sin dudas fue Gasoleros la primera ficción diaria de su productora, Polka, que trajo una nueva forma de contar las historias, con calidad de unitario en formato de lunes a viernes. La historia de amor de Roxi (Mercedes Morán) y Panigassi (Juan Leyrado) encandiló a la audiencia y abrió una puerta que extendió las tiras diarias durante dos décadas.

Telefe también las tuvo, obviamente, pero mechando con producciones nacionales y latas extranjeras. Canal 9 eligió novelas mexicanas durante más de 10 años, y América, solo puso al aire Lalola (que relanzó las carreras de Carla Peterson y Luciano Castro): a lo largo de estos años se volcó a la parte periodística y la actualidad.

Hoy, en este escenario de pandemia, la ficción diaria parece muy lejana: la novela Separadas no volverá a grabarse, y por lo que se supo en las últimas horas, Polka dejaría de funcionar como productora. Más allá de la problemática económicos, por estos días nadie imagina la posibilidad de grabar una novela en la cual sus protagonistas se toquen, se besen y tengan contacto sin un barbijo de por medio.

La situación financiera también es muy delicada. Según un relevamiento presupuestario de hace unos meses sobre las ficciones, el costo de un capítulo de una tira diaria es de 50 mil dólares, mientras que para un solo episodio de un unitario deben invertirse 200 mil dólares (con cotización a 80 pesos). Con el salto de la moneda norteamericana habría que volver a recalcular esos valores, aunque está claro que la ficción en Argentina es muy cara. Los gerentes de las productoras más importantes del país, saben que con estos costos, la tira diaria está condenada a desaparecer de la pantalla chica.

Según pudo saber Teleshow, los canales de televisión no tienen previsto llevar adelante una ficción diaria durante lo que resta de este año. Y ya piensan que las tiras, así como las conocimos, no volverían a producirse en el país, ya sea con productoras locales o bien, bajo la órbita de los propios canales. Esta decisión tiene que ver con los costos y las limitaciones que trae como consecuencia el protocolo sanitario establecido para atenuar la propagación del coronavirus.

La única salida que algunos productores avizoran es la llegada de empresas internacionales que quieran invertir en el mercado local, atraídos por los buenos actores y por la capacidad de trabajo de los artistas locales. Pero hasta que no aparezcan inversores del exterior, será muy difícil que las ficciones vuelvan a la pantalla. Las productoras locales no cuentan con el poder económico para sostener el negocio. Así las cosas, lo dicho: la novela diaria tendría el certificado de defunción firmado si es que no sucede algo que ayude a inyectar dinero al mercado, situación que el momento no parece factible, al menos en el corto plazo.

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