La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más profundas de su historia, en un contexto marcado por la caída del consumo, el avance de las importaciones y la ausencia de políticas de apoyo específicas. En ese escenario, declaraciones recientes de funcionarios nacionales generaron un fuerte rechazo empresarial, al ser interpretadas como un respaldo explícito a la ropa importada y un cuestionamiento directo a la producción local.
El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó públicamente que no compra ropa en la Argentina, mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sostuvo que la indumentaria que adquiere en Estados Unidos resulta más barata. Desde el sector textil, ambas expresiones fueron leídas como ataques a la industria nacional en medio de una situación crítica, y una suerte de burla para las millones de familias argentinas que ven dilapidado su poder adquisitivo.
Mientras tanto, en La Rioja en menos de un mes se anunció el cierre de dos locales muy importantes para la Ciudad: Cuatro Vientos, que debe cerrar sus puertas después de más de 30 años de vida, y ahora 47 Street.

Reacciones y críticas desde la producción y el diseño
Las declaraciones oficiales provocaron respuestas inmediatas. La actriz y empresaria Marixa Balli cuestionó a Caputo en redes sociales y calificó sus dichos como ofensivos frente a una población que enfrenta dificultades económicas básicas. En la misma línea, el diseñador Benito Fernández afirmó que los comentarios no aportan soluciones y rechazó que se trate a los productores locales como responsables de los altos precios.
Desde la Cámara Argentina de la Indumentaria, su presidente Claudio Drescher expresó “desilusión y tristeza” y advirtió que el sarcasmo no resuelve los problemas estructurales del sector. Recordó que los altos precios no se explican solo por la producción, sino por costos impositivos, logísticos y financieros que encarecen toda la cadena.
La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) reclamó una mirada integral y alertó que simplificar el debate conduce a diagnósticos erróneos. Señaló que las recientes rebajas impositivas y la desburocratización beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras la producción nacional continúa bajo una alta presión tributaria, costos energéticos elevados y escaso financiamiento. “El problema no es la competitividad, es la competencia fraudulenta”, remarcaron.
Empresas al límite y producción en mínimos
El impacto de la crisis se refleja con crudeza en los datos. Según un informe de la consultora Analytica, la industria textil acumuló caídas en 10 de los 11 meses de 2025, consolidándose como la actividad más golpeada del Índice de Producción Industrial (IPI). En noviembre, la producción textil se ubicó 31,2% por debajo de diciembre de 2024 y 47,6% menos que en noviembre de 2023.
La utilización de la capacidad instalada alcanzó apenas el 29%, el nivel más bajo de toda la serie histórica, con excepción del período más crítico de la pandemia. Subsectores como el curtido y la fabricación de artículos de cuero registraron caídas del 44,1%, seguidos por tejidos y acabados textiles (-34,7%) y preparado de fibras (-33,7%).
Empresarios como Mario Ortiz, referente de Textiles de La Matanza, describieron la situación como “terrible”, con plantas operando a muy baja capacidad y ventas que no logran recuperarse. El reclamo se repite: “No pedimos subsidios, pedimos competir en igualdad de condiciones”.

Importaciones en máximos históricos
Uno de los factores centrales del deterioro es el salto de las importaciones. En 2025, las compras externas de indumentaria crecieron 97,3% interanual, con un incremento de US$336 millones. Otros textiles avanzaron 121,2% y el calzado 25,2%. A esto se sumó el auge del comercio vía courier y plataformas como Shein y Temu, con un crecimiento acumulado del 274,2%.
Como resultado, las importaciones de indumentaria alcanzaron US$681 millones, el valor más alto de toda la serie histórica en términos reales. En calzado, el total llegó a US$825 millones, muy cerca del récord de 2017.
Precios más bajos, empleo en caída
El avance de la ropa importada produjo un abaratamiento relativo del rubro. Desde noviembre de 2023, los precios de indumentaria y calzado se redujeron 30,6% frente al promedio de la economía. Mientras la inflación general acumuló 259,4%, el rubro aumentó 149,4%, convirtiéndose en uno de los principales factores de desaceleración inflacionaria.
En términos de poder adquisitivo, el precio en dólares oficiales de un jean de primera marca cayó 39%, y el salario promedio del sector privado permite hoy comprar 13 jeans, frente a 9 a fines de 2023.
La contracara es el empleo. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados, una baja del 15,1%, que llevó al sector a su mínimo histórico desde 2009. A esto se suma una informalidad cercana al 72% en confecciones.
Un debate abierto sobre el modelo productivo
El conflicto entre el Gobierno y la industria textil expone un debate de fondo sobre el modelo productivo, el rol de las importaciones y el equilibrio entre precios bajos y empleo. Mientras los consumidores ven afectado su poder adquisitivo y deben recurrir cada vez a indumentaria más barata, el entramado industrial enfrenta cierres, despidos y pérdida de capacidad productiva, en un sector que históricamente fue intensivo en mano de obra y clave para las economías regionales.

