“Los principales factores de riesgo de mortalidad incluyen la edad avanzada y las afecciones crónicas, en particular la obesidad, la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardíacas y renales», explicó Chan en el encuentro anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes.
El informe, publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology, basado en la población del Reino Unido de más de 60 millones de personas registradas en el sistema de atención primaria, concluyó que entre 24.000 muertes debidas al COVID-19, el 30 por ciento ocurrieron en personas con diabetes.
Luego de ajustar múltiples factores de riesgo como la privación social, el origen étnico y otras afecciones crónicas, los investigadores determinaron que las personas con diabetes tipo 1 tenían un riesgo de muerte por coronavirus de casi tres veces más frente a personas sin la patología y las que tenían diabetes de tipo 2 de casi dos veces más.
Por otro lado, el término de búsqueda “COVID-19 y diabetes” es, sin dudas, uno de los más trabajados. En el sitio PubMed, uno de los motores de búsqueda de este tipo de documentos médicos y científicos, produjo más de 1.800 publicaciones.
“Muchos de estos informes indican una estrecha relación entre los niveles altos de glucosa en sangre y los malos resultados, incluida la ventilación mecánica, los ingresos a la unidad de cuidados intensivos y la muerte de pacientes con COVID-19”, aseguró Chan.
La glucosa es un combustible. Su uso eficaz depende del suministro adecuado de oxígeno y de la acción de la insulina para promover su entrada en las células y así mantener las funciones corporales y de supervivencia.
La diabetes se debe a una insuficiencia de insulina absoluta o relativa. Quienes tienen la enfermedad mal controlada sufren una inflamación de bajo grado, de mala circulación y de defensas corporales.
Durante un estrés agudo como el COVID-19, estos sistemas interconectados pueden “desestabilizarse, provocar una glucosa en sangre descontrolada y una falla multiorgánica”.
En una declaración de consenso publicada en The Lancet Diabetes & Endocrinology, los expertos internacionales piden la optimización de la atención ambulatoria y hospitalaria, incluido el uso apropiado de insulina para controlar la glucosa en sangre y el uso de medicamentos protectores de órganos para mejorar los resultados de estos pacientes de alto riesgo.
“El SARS-CoV-2 puede dañar las células beta pancreáticas, las únicas secretoras de insulina. Como tal, el COVID-19 puede precipitar la diabetes en personas con factores de riesgo como aquellos con obesidad, bajo nivel socioeconómico y estrés psicosocial”, alertó la profesora de la Universidad de Hong Kong.
La especialista recordó que la diabetes, que afecta a 460 millones de personas en todo el mundo, y el COVID-19 son “epidemias silenciosas” con “consecuencias devastadoras” si no se diagnostican o controlan. Estas epidemias globales tienen “fuertes determinantes ambientales, del comportamiento y del sistema”.
«En este mundo interconectado, existe una necesidad urgente de mejorar nuestro ecosistema, promover la alfabetización en salud y reformar nuestros sistemas sociales y de salud para proteger la salud y la humanidad de las personas con afecciones vulnerables como la diabetes”, concluyó.
Fuente: Europa Press.

