Redacción de RiojaLibre
Terminando la jornada del jueves, se nos ocurrió cenar livianito y fuimos a un bar céntrico a comer un ‘tostadito’. Sentados a la mesa, tostado en el plato, levantamos la vista porque una persona que hablaba con un tono más fuerte de lo normal llamaba la atención: oh casualidad, era el Ministro de Gobierno Claudio Saúl.
Mucho más flaco y de menor tamaño de lo que aparenta en fotos o TV, el Ministro se encontraba junto a otros ‘amigos/funcionarios/empleados’ discutiendo sobre el tema del día: Lucía Avila. La conversación en nuestra mesa dejó de ser protagonista, solo nos limitamos a hacer silencio y escuchar los ‘gritos’ (no exageramos!) que provenían de la mesa de Saúl: “Es una artista, vergonzoso, lamentable…”.
“Lo que viene haciendo con El Cantandero es bochornoso, pero hoy se pasó de la raya, no puede ser tan caradura”, se escuchaba de boca de Saúl. Unos segundos de pausa (las voces de quienes hablaban con él no eran tan nítidas) y el Ministro volvió a la carga: “Lo de esta tarde fue acting absurdo, se dedica a actuar, no tiene límites para conseguir protagonismo…”.
Los agravios no cesaron, algunos son irreproducibles y los otros redundantes. Lo cierto es que las palabras de Saúl (que –obviamente- no sabía que estábamos escuchándolo) resumen el pensar bederista sobre la diputada más ‘revoltosa’ de la Legislatura: Artista. El oficialismo no cree una sola palabra de lo que dice o hace Lucía Ávila.
Para la oposición, el Bederismo es autoritario y cae en las faltas de respeto constantemente. Para el oficialismo, Lucía Ávila es una ‘artista’ del calibre de Soledad Silveyra o Nacha Guevara. ¿Vos, a quién le creés?

