En realidad, en ningún pasaje de la Biblia se alude directamente a esta prohibición, pero debido a que en Semana Santa, comenzando el Domingo de Ramos y culminando el Domingo de Resurrección, se celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, esta tradición se instauró como una manera de honrar la penitencia del propio hijo de Dios, que pasó 40 días en el desierto en ayuno.
«La primera parte del Evangelio según San Mateo relata como Cristo pasó cuarenta días en el desierto y durante ese tiempo no pasó por sus labios ni bebida ni alimento. No cabe duda de que esta penitencia del Dios-hombre no solo era expiatoria sino también ejemplar. Si bien es cierto que Cristo no definió explícitamente los días ni las semanas en que sus seguidores estaban obligados a ayunar y abstenerse, al mismo tiempo su ejemplo acompañado de su respuesta a los discípulos del Bautista es una evidencia de que en el futuro sus seguidores se encontrarían sujetos a reglas por las cuales ayunarían», puede leerse en la seminal Enciclopedia Católica.

