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La Rioja se rebela ante el Modelo de ajuste y sufrimiento de Nación: los Chachos de hoy son las Lanzas de ayer

El retorno de los Chachos se plantea en el escenario político como un Gesto de REBELDÍA de nuestra Provincia ante Nación. Desde las filas libertarias intentan darle una connotación negativa a esta rebeldía. Habría que enseñarle al joven Gino Visconti que la rebeldía fue la que hizo grandes a Facundo Quiroga, Chacho Peñaloza y otros tantos próceres riojanos. Los Chachos de hoy son las lanzas de ayer. La causa es la misma: rebelarse ante un sistema de Gobierno que provoca el sufrimiento y padecimiento de los riojanos.

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En las últimas horas volvió a instalarse el debate sobre los Chachos. Y junto con él aparecieron las críticas de siempre, los cuestionamientos de siempre y las lecturas apresuradas de siempre. Quizás porque algunos siguen creyendo que la discusión pasa por un bono, un papel o una herramienta financiera. Pero el verdadero debate es otro. Mucho más profundo. Mucho más político.

Cuando el gobernador Ricardo Quintela afirmó que la decisión de avanzar nuevamente con los Chachos constituye un acto de rebeldía, no estaba hablando solamente de economía. Estaba hablando de una forma de entender el ejercicio del gobierno y de una manera de defender los intereses de los riojanos en un contexto extraordinariamente adverso.

Y si de eso se trata, entonces ¡sí: La Rioja está siendo rebelde!

La Rioja siempre fue rebelde.

Lo fue cuando Facundo Quiroga levantó la voz de las provincias frente al centralismo porteño. Lo fue cuando Ángel Vicente Peñaloza defendió el federalismo frente a quienes pretendían imponer un país para pocos. Lo fue cuando Felipe Varela denunció las desigualdades que castigaban al interior profundo de la Argentina.

Nuestra historia está atravesada por hombres y mujeres que se negaron a aceptar que las decisiones importantes se tomaran lejos de aquí y sin tener en cuenta las necesidades de nuestra gente.
Por eso la rebeldía, en La Rioja, nunca fue sinónimo de capricho. Fue dignidad. Fue defensa de los propios intereses. Fue la decisión de no resignarse. Hoy, cuando el Gobierno nacional retiene recursos que le corresponden legítimamente a la provincia, la discusión vuelve a plantearse en términos similares.
Pero la rebeldía riojana no comenzó con los Chachos.

Mucho antes de que se hablara de herramientas financieras alternativas, hubo una decisión que marcó una diferencia sustancial entre dos formas de entender el Estado y la política.

Cuando desde el Gobierno nacional se impulsaba un fuerte ajuste sobre las provincias y se señalaba la reducción de la planta estatal como uno de los caminos a seguir, La Rioja tomó otra decisión. No despedir trabajadores. No abandonar a miles de familias a la incertidumbre. No convertir a los empleados públicos en la variable de ajuste.

Ese fue, quizás, el primer gran acto de rebeldía de esta etapa.

Porque hubiera sido mucho más sencillo trasladar el costo de la crisis a los trabajadores y exhibir números ordenados a costa del sufrimiento de miles de hogares riojanos. Sin embargo, la Provincia eligió otro camino. El de sostener el empleo. El de proteger a las familias. El de asumir el esfuerzo financiero que implicaba defender las fuentes laborales en uno de los momentos más complejos de la economía argentina.

Y esa decisión explica muchas de las que vinieron después. Porque detrás de cada medida impulsada por el Gobierno provincial existe una misma convicción: que las consecuencias del ajuste nacional no deben recaer sobre los riojanos. Esa misma lógica también se expresó en otro debate que hoy adquiere cada vez más relevancia: la defensa de los recursos naturales y del trabajo de los riojanos frente a esquemas que priorizan intereses externos.

Cuando gran parte del país celebraba sin cuestionamientos la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), La Rioja eligió plantear una mirada distinta. Advirtió sobre los riesgos de construir un modelo donde las riquezas generadas en las provincias pudieran marcharse sin dejar un verdadero impacto en el desarrollo local, sin fortalecer la industria nacional y sin garantizar que el trabajo argentino fuera una prioridad.

También allí hubo rebeldía. La rebeldía de defender el derecho de los riojanos a participar de los beneficios que generan sus propios recursos. La rebeldía de sostener que el desarrollo no puede medirse solamente en dólares de inversión, sino también en empleo, infraestructura, producción y oportunidades para las comunidades donde esas inversiones se realizan.

Porque defender el federalismo también significa defender que las riquezas de las provincias contribuyan al crecimiento de las provincias. Y cuando se trata de proteger el presente y el futuro de La Rioja, la Provincia eligió nuevamente no callarse.

Detrás de cada peso que no llega a La Rioja no hay una cuestión administrativa ni una simple diferencia entre gobiernos. Hay viviendas que no pueden construirse. Hay obras públicas que no pueden ejecutarse. Hay rutas que no pueden mejorarse. Hay infraestructura que se demora. Hay oportunidades que se postergan.

Cuando se le niegan recursos a una provincia, no se castiga a un gobernador. Se condiciona el desarrollo de miles de familias que esperan respuestas concretas para mejorar su calidad de vida. Frente a esa realidad existen dos caminos: el primero consiste en aceptar pasivamente las consecuencias. Ajustar. Trasladar el costo a la gente. Aumentar tarifas. Reducir servicios. Paralizar inversiones. Esperar. El segundo consiste en buscar alternativas. Crear herramientas. Administrar con creatividad. Defender los intereses provinciales aun cuando el contexto nacional sea desfavorable.

La Rioja eligió ese camino. Por eso se sostienen las fuentes de trabajo. Por eso se reclaman los recursos que legítimamente pertenecen a la provincia. Por eso se defienden los recursos naturales y el trabajo local. Por eso se buscan herramientas alternativas para sostener la actividad económica. Por eso se impulsan beneficios para los adjudicatarios de viviendas. Por eso se congelan tarifas y se procura proteger el poder adquisitivo de las familias. Por eso se siguen gestionando soluciones aun cuando los recursos nacionales disminuyen o directamente desaparecen.

Eso también es rebeldía. La rebeldía de no descargar el ajuste sobre quienes menos tienen. La rebeldía de no mirar para otro lado. La rebeldía de defender el federalismo cuando otros eligen el silencio. La rebeldía de seguir gobernando bajo un concepto claro y contundente: no arrodillarse frente a las presiones del poder central.

Porque la verdadera discusión no es si existe una herramienta financiera determinada. La verdadera discusión es qué hace un gobierno cuando enfrenta dificultades. Puede rendirse. O puede pelear. Puede resignarse. O puede buscar soluciones. Puede arrodillarse. O puede defender a su pueblo.
La Rioja eligió defender a su pueblo. Y si eso significa ser rebeldes, entonces ¡sí, somos rebeldes!

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